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Castrowater I

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Capítulo I – Castrowater

 

Año 1967 al sur-oeste del Reino de Hispania  se encuentra la aldea de Castrowater.

El Reino se rige por un sistema autoritario a cuya cabeza se encuentra el “Caudillo”, ganador de una cruel guerra entre hermanos. La guerra del 36 dejó devastado el Reino; infraestructuras y edificios destruidos, fábricas inutilizadas, malas comunicaciones; en definitiva, falta de alimentos y como consecuencia de ello, hambre y miseria entre los habitantes de Hispania.

El País lleva varias décadas sin enfrentamientos armados; la convivencia es tensa entrelazada con una relativa calma. Hispania se recupera muy lentamente y el nivel de vida está muy distante del que disfrutan nuestros vecinos del Norte.

La aldea de Castrowater cuenta con cerca de mil moradores, la mayoría de los cuales tienen la agricultura como medio de subsistencia. Prácticamente todo lo que se produce, se dedica al sustento de la familia. Si la cosecha es buena y sobra cereal, se vende o cambia por otro producto que la familia no cultiva.
Todo grupo familiar cuenta con una pareja de vacas que utilizan para labrar la tierra y acarrear los productos cultivados. Cuando los animales se quedan preñados y tienen sus crías; estas se venden a algún tratante de ganado a cambio de monedas. La leche de las vacas es un producto esencial en la alimentación de los castrejos.
Familias con nivel económico superior se pueden permitir el tener un caballo o una yegua para realizar las labores del campo. Poseer un elemento de tracción mecánica para trabajar la tierra o desplazarse con él, es imposible para una unidad familiar, en estos tiempos.
Se cultivan infinidad de productos. En tierras áridas y de secano, siembran trigo que después transforman en harina para hacer pan. Otros cereales como la cebada y el centeno, sirven de alimento a las bestias domésticas. El tallo del lino se transforma en hilo para tejer prendas y de las semillas obtienen el aceite de linaza.
En zonas donde era posible el riego, cultivan legumbres, toda clase de verduras y tubérculos. Para los animales, remolacha, hierba, nabos y alfalfa.
En otras zonas secas se recogen uvas que fermentan para sacar caldos blancos o tintos. Los hollejos o piel de la uva, una vez fermentados, se destilan para obtener orujos con altas graduaciones de alcohol.
Toda unidad familiar tiene su propio corral doméstico. Gallinas para obtener huevos; pollos, conejos y cerdos para carne; ovejas para lana y leche y colmenas de abejas para sacar miel.
Los habitantes de Castrowater aprovechan todos los recursos que el entorno les ofrece. Los terrenos que poseen son pequeños; minifundios o huertas de apenas quinientos metros cuadrados. Por lo general se heredan de los padres. El cabeza familia cuando reparte su herencia, divide la finca en tantas partes como hijos tiene. Esto hace que a medida que pasan las generaciones, las fincas vayan disminuyendo de tamaño.


Otro inconveniente a añadir es la diseminación de las fincas. Un grupo familiar puede tener varias huertas de pequeño tamaño y distanciadas a kilómetros unas de otras.
Todo ello, unido a que los trabajos son siempre a base de esfuerzo humano, con cierta ayuda de los animales; hace que la agricultura se limite a una labor de subsistencia.
El caudal del río que surca este valle, varía mucho dependiendo de la época del año. Un invierno abundante en lluvias, provoca que el río acumule mucha agua y los desbordamientos sean frecuentes, inundando casas y fincas de Castrowater.
Por el contrario, la ausencia de lluvias , hace que el río se quede prácticamente seco en la época estival. Las canalizaciones utilizadas para el transporte del agua son de lo más rudimentario posible. Simples surcos comunitarios hechos en el terreno y que discurren a lo largo de kilómetros y kilómetros, comunicando todas las fincas.
En parajes donde el terreno es arenoso o con mucha piedra el agua se filtra con facilidad, pudiendo llegar a sufrir unas pérdidas del cincuenta por ciento. La escasez y pérdida de agua se suma a la lista de inconvenientes para poder llevar a cabo la agricultura.
Obligado es aprovechar el agua y el tiempo. Para organizarse utilizan el sistema de riego “a echo”. Consiste en regar seguido sin saltarse ninguna finca. Si algún agricultor no acude cuando le toca la vez, pierde el turno y no riega hasta la siguiente vuelta. Esto puede suponer una semana de espera, con el consiguiente riesgo de que se sequen los productos, por asfixia. El sistema de “a echo” funciona día y noche.
Estamos en el mes de Julio; madrugada del sábado a las tres de la mañana. La noche es oscura y el cielo está cubierto. No se atisba el satélite y solo de vez en cuando, la luz de alguna estrella logra colarse entre las nubes.
Un silencio sepulcral abraza el entorno; sólo los grillos y el transcurrir del agua por el surco, se atreven a romperlo……………

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